Lo normal es una o dos tazas al día, pero puestos a la propensión al fallo cardiovascular mejor que sobre, sin medias tintas. Al contrario de lo que se puede pensar, no soy un defensor de esta droga que es la cafeína; la productividad desmedida que trae consigo se desmarca abismalmente de mis intereses. Pero he de reconocer que es una buena droga ambiental.
Calor, contraste, aroma. No estoy más despierto.
El ajedrez es una batalla de egos; dos mentes en sus máximas capacidades (en mi caso difícil) se miden ante un tablero con tantas posibilidades como átomos en el universo. Las tablas son para cobardes.
El café y el ajedrez son buenos amigos (para mayor empatía encender un cigarrillo). Siento la apología al consumo de sustancias de dudoso beneficio, pero quizá no lo siento del todo. Una partida bella, en el sentido más clásico de la palabra, es el paradigma del jugador, que defiende su posición con la destreza, calma y serenidad de un monje Shaolin.
En "El temor de un hombre sabio" Bredon hace jugar al Kvothe al TAK en sus aposentos; y le explica que la finalidad del juego no es ganar, sino jugar una hermosa partida. Aquí cada uno saca sus conclusiones, yo las tengo nítidas.


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